Carta Cuatro
¡Mis Queridos Hermanos!
Ahora estoy en un pico alto sobre Sam Dagi (la Montaña de Pino), en la cima de un pino en una casa de árbol. En confinamiento solitario alejado de las personas, me he acostumbrado a este aislamiento. Cuando deseo una conversación con personas, los imagino a ustedes aquí conmigo y les hablo y encuentro consuelo. Si no hay nada que lo prohíba, me gustaría quedarme aquí un mes o dos. Cuando regrese a Barla, buscaré el medio de conversación verbal con ustedes que tanto anhelo, si así lo desean. Por ahora estoy escribiendo dos o tres cosas que me vienen a la mente en este pino.
La Primera: Es algo confidencial, pero no te oculto ningún secreto a ti. Es como sigue:
Algunas de las personas de realidad manifiestan el Nombre Divino de Vedúd y, a través de la manifestación al grado máximo miran hacia Váyib-ul Vuyud por las ventanas de los seres. De la misma manera, pero sólo cuando él se emplea al servicio del Corán y es el heraldo de sus tesorerías infinitas, este hermano vuestro que es nada, pero nada, le dan un estado por medio del cual manifiesta los Divinos Nombres de Rajím y Jakím. Todas Las Palabras (La Colección de Risale-i Nur) son manifestaciones de ese privilegio. Si Allah lo permite, las Palabras [Risale-i Nur] manifiestan el significado de la aleya:
La Segunda: Este dicho en relación a la Orden Naqshbandí de pronto se me ocurrió: "En el camino Naqshbandí, uno debe abandonar cuatro cosas: el mundo, el Más Allá, la existencias y abandonarse a sí mismo". Esto hizo surgir el siguiente pensamiento:
"En el camino de la impotencia se necesitan cuatro cosas: absoluta pobreza, absoluta impotencia, absoluto agradecimiento y absoluto fervor, amigo mío".
Entonces el poema rico y colorido que habían escrito: "Miren la página multicolor del libro del universo, etc," me vino a la mente. Miré las estrellas sobre la faz de los cielos a través de él. Me dije a mí mismo, si sólo hubiese sido un poeta y lo hubiese completado. Y a pesar de que no tengo la habilidad de escribir poesía o versos, de todos modos comencé, pero no pude hacer versos o poesía. Sin embargo como se me ocurrió, yo lo escribí así. Tú, mi heredero, si quieres, puedes transformarlo en poesía y ponerlo en verso. Lo que de pronto vino a mi mente fue esto:
Escucha a las estrellas, ¡escucha su discurso armonioso!
Ve qué sabiduría había estampado sobre el decreto de su luz.
Al unísono habían comenzado a hablar, dicen con la lengua de la verdad,
Dirigiéndose a la majestuosidad de un Kadír-i Zulyelal,
Cada una de nosotras somos luz esparciendo las pruebas de la existencia de nuestro Sáni,
Somos testimonio de Su unidad y también de Su poder,
Somos milagros sutiles
Que iluminan el rostro de los cielos para que los ángeles puedan contemplarlo.
Somos los miles de ojos atentos de los cielos
Que observan la Tierra, que estudian el Paraíso.
Somos las miles de frutas exquisitas
Que la mano de la sabiduría del Yemíl-i Zulyelál le ha asegurado
A la porción celestial del árbol de la creación,
A todas las ramas de la Vía Láctea.
Para los habitantes de los cielos,
Cada una de nosotras es una mezquita viajera, una casa que gira, un hogar majestuoso,
Cada una es una lámpara que ilumina, un barco poderoso, una maravilla del arte creativo
Creado por Kadír-i Zulkemál, Jakím-i Zulyelál;
Una rareza de Su sabiduría, una maravilla de Su creación, un mundo de luz.
Les demostramos a los seres humanos cien mil pruebas,
Los hacemos oír con nuestras cien mil lenguas;
Pero sus ojos detestables, negadores, ciegos, no ven nuestros rostros,
No oyen nuestras palabras.
Nuestra marca es una, nuestro sello es uno,
Somos dominadas por nuestro Rab;
Lo glorificamos a través de nuestro sometimiento;
Recitamos Sus Nombres;
Cada una de nosotras con éxtasis,
Un miembro del círculo poderoso de la Vía Láctea.